lunes, 7 de noviembre de 2016

Las enigmáticas palabras del Conde de Cagliostro

En un libro titulado "Memoire contre le Procureur general", hay una fascinante cita que recoge las palabras de Cagliostro describiendose a sí mismo son las palabras de una personage que pareciera venido del futuro, un viajero del tiempo:

No pertenezco a ninguna época ni a ningún lugar; fuera del tiempo y del espacio, mi ser espiritual vive su eterna existencia, y- si me sumerjo en mi pensamiento remontando el curso de los años, si extiendo mi espíritu hacia un modo de existencia alejado del que percibís, me convierto en el que deseo ser. Al participar de modo consciente en el ser absoluto, adecuo mi acción según el medio en el que me encuentre. Mi nombre es el de mí función y lo elijo, al igual que mi función, porque soy libre: mi país es aquel en el que momentáneamente he fijado mis reales ... Héteme aquí: soy noble y viajero;-  hablo, y vuestra alma se estremece al reconocer palabras antiguas; una voz. que está en vosotros y que permanecía en silencio desde nacía mucho, responde a la llamada de la mía: actúo y la paz regresa a vuestros corazones. Todos 'os hombres son mis hermanos; todos los países me son queridos; los recorro para que, en todas partes, el Espíritu pueda descender y encontrar un camino hacia vosotros. No les pido a los reyes, cuyo poder respeto, más que hospitalidad en sus tierras y, cuando se me concede, paso por ellas naciendo en derredor mío el mayor bien posible; pero no hago sino pasar. ¿Soy un noble viajero?

Balsamo era el  supuesto verdadero apellido de Cagliostro y dado que "su nombre es el de su función", este aludiría al supuesto bálsamo, aceite mágico o elixir de la vida con el cual hacía milagros y con el que según otros embaucaba a la gente.  Esto que acurre con el nombre o seudónimo de Cagliostro también pasa con el de otras denominaciones que han utilizado para si mismo otros iniciados, sobre todo de la Alquimia: el Cosmopolita, Filaleteo, Fullcanelli, etc.

Mucho se ha dicho del Conde Cagliostro. Estaría documentado y demostrado que era un líder Masón, de hecho fue el creador de rituales masónicos. Eliphas Levi, en su "Historia de la Magia" lo describe como un agente de los Templarios, a los que liga a una fantástica conspiración que habría culminado con la revolución francesa, historia poco atractiva,  sin ningún o con muy poco fundamento. Levi  también se hace eco de la historia o el rumor de que habría escapado de las prisiones de la Inquisión disfrazado como el sacerdote que lo había visitado. En su "Clave de los Misterios" incluso niega que hubiese sido un iniciado de primer orden y de que más bien habría huido de pavor ante la presencia de un Paracelso o Henri Khunrath, por el supuesto choque psiquico que recibiría de estos en su  propio psiquismo desviado o desequilibrado. En la "Historia de la Magia" describe un elaborado rito de este para recobrar la juventud y vivir como un inmortal durante muchos años. Se dice que en los tiempos de Cagliostro algunos de los que siguieron las instrucciones de ese rito terminaron con la salud arruinada. El mismo puede causar una gran impresión al neófito, pero el que sabe o ha leído algo sobre alquimía más bien debería preguntarse para qué arriesgarse a seguir un ritual tan peligroso como ese, si la alquimia promete otras vías más seguras hacia el elixir de la inmortalidad ¿Es que el Divino Cagliostro no lo sabía?. La disparidad de métodos entre los Adeptos es algo que no deja de causar perplejidad.

Un pequeño intento por explicar las palabras de Cagliostro se encuentra el "La Tradición Oculta, Masonería Egipcia, Rosacruz y Neo Caballería", de Gérard Galtier, que se puede descargar de algunos sitios de Internet:

para ciertos ocultistas, Cagliostro sería una entidad que se encarnaría periódicamente para consagrarse al cuidado y la ayuda de la humanidad. Así, numerosos discípulos del Maestro Philippe de Lyon (1849-1905) consideraban que éste era una reencarnación de Cagliostro. Un siglo y medio antes del paso de Cagliostro por Francia, hubo otro personaje llamado Joseph Balsamo (el verdadero nombre de Cagliostro) que fue a Toulouse en 1638 y se comportó como él, declarando también que estaba en posesión de un elixir maravilloso que, caritativamente, distribuía entre los indigentes. En 1644, los capitouls de Toulouse le concedieron, tras deliberar sobre ello, cartas de burguesía. Subyugó a los jueces que habían estado presionándolo, hasta el punto de que en 1650 le confiaron la misión oficial de combatir «con la ayuda de su precioso aceite» una temible epidemia que estaba diezmando la ciudad de Castres. La coincidencia es turbadora.

¿Sí eso, en caso de ser cierto, no demuestra que era un iniciado de primer orden entonces qué? El caso es que más o menos historias como estas se dicen también de Francis Bacon, del que algunos han intentado demostrar que fue el verdadero William Shakespeare y que habría encarnado, transfigurado  o continuado su existencia bajo la figura del Conde de Saint Germain. Pero es solo otra historia con más ribetes de fantasía y misterio que de sentido y realidad.


No hay comentarios: