domingo, 27 de septiembre de 2015

La sostenibilidad de la Guerra del Estado Islámico


Hace tiempo comenté en algún foro que el grado de sadismo que había en la Guerra del Estado Islámico era insostenible debido a los severos traumas que esto podía generar en sus propios soldados y la consiguiente desmoralización y embrutecimiento. Puse como ejemplo como comenzarón las matanzas en la Alemania nazi, al principio se trataba de fusilamientos masivos y otros métodos más o menos bárbaros, luego debido a la queja de los soldados y la oficialidad más alta se decidió implementar métodos más humanos. Más humanos para los asesinos. 

Para que un soldado pudiese ser inmune al grado de crueldad que hay en esa clase de guerra o debería ser un aunténtico sádico o simplemente un sicópata y ese seguramente no es el caso de muchos de sus combatientes, sobre todo de los mercenarios que les proporciona occidente. Las drogas pueden ayudar, pero estas también tienen efectos indeseables. Además esta el rechazo que semejante guerra provoca en la población civil.

En la Guerra Santa de Mahoma, esa que llevo al califato de los omeyas que el Estado Islámico pretende restaurar, el activo más alto de esta era la moral, este no es el caso de la Guerra del Estado Islámico y no se debe olvidar que es esta uno de los componentes principales del Arte de la Guerra de Sun Tzu. El activo más alto de la guerra del Estado Islámicos (EI) no es la propia moral islámica, es la anomia de occidente, sobre todo la anomia que produce en los integrantes islámicos de la sociedad occidental. Pero creo que en esencia se trata de la misma anomia que lleva a tantas personas a cometer asesinatos en masa sin nigún sentido, como el caso de Anders Behring Breivik

¿Cuáles son los numeros? 17 personas desertaron entre Julio y Agosto. Esos fueron los que confesaron haber desertado, desde luego que el número debería ser mucho mayor, pero aun multiplicando esa cifra por diez se trata de un número muy pequeño si se compara con el número los que se unen al EI, más de 1000 mensuales, y proceden de más de 100 países.  Al parecer el hastio por occidente sigue todavía pesando más que la aversión por una guerra suicida y de exterminio.


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