lunes, 9 de marzo de 2015

¿Para qué sirven las Guerras?

Las competencias deportivas surgieron para satisfacer el instinto agonal de los humanos

Las guerras son en el mejor de los casos un mal necesario. Pero por lo general son una estupidez. Por ejemplo, la Guerra de Ilíada que a tantos románticos ha hecho soñar fue muy probablemente algo completamente estúpido e innecesario. ¿Pero sin la Guerra de la Ilíada habría habido Homero? Dilemas como estos suelen dejar perplejos y atontados a muchas personas. La 2da Guerra Mundial si fue casi sin duda un mal necesario, el nazismo, es decir el mal, era algo que había parar. Pero el mayor antecedente de esta guerra, la 1ra Guerra Mundial, fue una total estupidez.

Muchos pensadores, como Nietzsche han creído en la bondad de la Guerra. La guerra la entendía Nietzsche como una forma de progreso, una de las formas en como la humanidad se superaba a sí misma. A Nietzsche le tenían sin cuidado la crueldad y las perdidas de vidas humanas inocentes. No veía la guerra como una forma de barbarie, sino como algo que podía ser y en muchos casos era una de las formas más elevadas de la civilización. Simplemente no había, ni podia haber ninguna civilización elevada que no tuviera la guerra como su fundamento, como uno de sus estamentos esenciales. El hombre sin guerras no es hombre, degenera.

De hecho el planteamiento y el desarrollo que Nietzsche hace de esa idea a mi me dejo durante mucho tiempo confundido. Antes de Nietzsche mucha gente inconscientemente o no también creía en eso, aunque nadie llevo tan lejos ese razonamiento como Nietzsche. Actualmente hay arqueólogos que creen que el inicio de la civilización y específicamente el origen de las grandes ciudades se debió a las guerras, a la necesidad de defensa y a los grandes ejércitos. No hace mucho se hicieron excavaciones en la ciudad de Caral, la más vieja del período precolombino, tan vieja que era incluso precerámica y la sorpresa fue mayúscula al no encontrarse ningún indicio de que se tratara de una civilización guerrera.  Era una civilización sobre todo comercial y su alto grado de desarrollo parece haberse debido precisamente a la necesidad de mantener sus extensas rutas comerciales a través de América. He allí un hecho que no sostiene la hipótesis de las guerras como el origen de la civilización.

La ciudad de Caral


Las guerras en muchos casos si han significado un gran retroceso, la humanidad ha perdido gran parte de su patrimonio y memoria histórica gracias a las guerras. Luego de las guerras que llevaron al fin del imperio romano se perdieron por muchos años gran parte de los conocimientos y logros técnicos alcanzados por estos.  Este es un argumento, no refiriéndome al imperio romano sino en general, que sin embargo no hubiera tenido mucho peso para un Nietzsche ¿no era después de todo gran parte de ese patrimonio también una carga? Es la clase de preguntas inquietantes que le encantaba hacerse.  Actualmente nos planteamos más o menos la misma pregunta al plantearnos si vale la pena seguir manteniendo ciertas infraestructuras. Pero la mayor pérdida de patrimonio no son en muchos casos las infraestructuras sino el conocimiento. ¿Cuántas bibliotecas y conocimientos no se han perdido gracias a las guerras?.

Las guerras además tienen esa fácilidad de convencer de que son una de las formas más rápidas y efectivas de facilitar el cambio, de romper con lo viejo y con lo caduco. Esto puede ser cierto en muchos casos, pero no se repara en que es precisamente esa voracidad de progreso y rápidez a la que se debe la depredación planetaria. Tampoco se repara en el terrible precedente que sienta una guerra ¿si se hizo en el pasado por qué no otra vez?  Al escoger el camino de la guerra se evita  reflexionar en qué hay de errado en los pasos que se han dado, se corre el riesgo de cometer los mismos errores y volver a incurrir en el peligro de la autodestrucción.

Se entiende la guerra como un gran incentivo,  ha sido un gran estimulante, muchos progresos cientificos, por ejemplo, se dice que se hicieron grancias a la 2da Guerra Mundial. Dejando de lado el mal necesario, que como dije al inicio, fue la 2da Guerra Mundial, esos progresos también también pudieron hacerse perfectamente en tiempos de paz. Los propios desafios que presenta la vida por si misma deberían ser suficientes incentivos para el progreso. Quiero decir: la limitación de recursos, las enfermedades, los desastres naturales, la contaminación ambiental, los problemas de sostenibilidad y toda la amplia gama de problemas cotidianos con los que se enfrenta el hombre. La guerra no es un incentivo, ni una solución, sino un nuevo problema. Sobre todo ahora en donde una guerra entre superpotencias podría significar la aniquilación de toda la humanidad. ¿Podrán los incentivos de la guerra (o incluso el comercio) salvar al planeta del desastre climático?. Grandes obras de infraestructura se requieren para salvar a ciudades como Nueva York de un deteriodo o una inundación casi segura pero no parece que el incentivo de la guerra a punte en esa dirección.

¿Pero cómo prevenir las guerras? Esa respuesta hasta ahora nadie la tiene, las instituciones que hemos creado hasta ahora para eso, como la ONU, han tenido muy poco efectividad. Pero creo que un comienzo seria apreciar la comprensión y el trabajar con el otro en función de un objetivo común como algo más  estimulante que la de competir o luchar con él y vencerlo.  Hasta ahora lo más estimulante en la civilización que tenemos es competir con el otro, en lugar ayudarlo o cooperar con él. Esto no es simplemente una filosofía de vida, es una revolución del pensamiento mucho mayor, algo de lo que no se tiene registro en toda la historia de la humanidad, que requiere mucho trabajo y la construcción de instituciones y todo un sistema en donde se valore a aquel que más aporta a la sociedad y/o a la naturaleza y no al que más beneficio obtenga de ella o  parezca estar más por encima de los demás.  Se trata de comprender finalmente que antes del progreso, el patrimonio y todo lo demás que es material, las guerras atentan contra nuestra propia dignidad como seres humanos.


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