sábado, 7 de junio de 2014

El Camino Iniciático de Juan Liscano


Juan Liscano (1914-2001)

Esta entrada es sobre un relato autobiográfico del escritor e intelectual venezolano Juan Liscano (1914-2001), en cual se puede consultar también su libro Anticristo, apocalipsis y parusía. Trata sobre cómo habría sido, más o menos, su incursión en el ocultismo y su estudio de los "antiguos misterios", también dice cómo  reflejo eso en sus escritos. Pero no parece que Juan Liscano haya sido un iniciado, sobre todo cuando el mismo dice que no se adhirió a ninguna orden. En todo caso es estrictamente reservado y cuidadoso al describir esta parte de su vida, no da muchos detalles. No conozco su obra con amplitud pero puedo decir que se destaco mucho por ser un ferviente critico de la tecnología y el materialismo, como se vera en las ultimas líneas de este escrito pero sobretodo en los ultimos libros, ensayos y artículos que publico, algunos de los cuales se pueden conseguir por la Web.

Kuznacti


Recuento Autobiográfico Pedido

El lunes de 21 de agosto de 1995 apareció en el El Globo [1], una extensa y fiel entrevista escrita por Ana María Hernández. Ella quería, por sobre todo, que le hablara de mi trayectoria como interesado en la esoteria. La complací a medias. No podía abordar esta motivación existencial tan importante para mí, dentro de otros contextos intelectuales, ideológicos y políticos. Ahora contesto con amplitud y centrado en la materia que le interesaba, la cual escapa al realismo, a lo fáctico, a las generalizaciones, a lo anecdótico burocrático. Espero, con estas páginas, brindarle a Ana María Hernández y a quien quiera leerlas, no propiamente confesiones crepusculares de un hombre de ochenta años, sino un proyecto de orientación espiritual más o menos coherente, sin sectarismos ni fundamentalismos religiosos. Dentro de la búsqueda y la crítica que siempre alentaron mi vida y mi trabajo, esta exposición y la que seguirá en este mismo libro, constituyen síntesis dignas de ser tomadas en cuenta en esta encrucijada tan parecida a otras confrontadas por la humanidad en el gran circuito del tiempo cíclico.

Desde los 20 años aspiré a encontrarle a la vida su contenido y orientación superiores. En las escuelas de rigurosa tradición laica y humanista o en los colegios regidos por sacerdotes, se enseñaba a obtener respuestas válidas. Uno las confrontaba consigo mismo y las circunstancias del momento. Pero no arrancaba a la loca, como ahora. Si la Primera Guerra Mundial alteró aquel burgués, no pudo acabar con él. La Segunda Guerra sí lo logró convirtiendo la burguesía formada en la enseñanza humanística, en otra clase de élite: el jet-set, donde testas coronadas merecen el mismo trato publicitario que las estrellas del espectáculo, donde la farándula y los millonarios se disputan la fama, donde impera la arrogancia de las mafias poderosas enriquecidas quién sabe de qué manera e imperan negocios de casino, de especulación sin asiento a los que ha denunciado como “derivados” [2], en la revista EIR.

[Desde] hace, pues, 60 años, leo para vislumbrar lo que le preguntó al lienzo, el pintor Paul Gauguin -uno de los dioses de mi juventud- poco antes de morir y tras un intento de suicidio: “¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos ¿A dónde vamos?” Lo pintó en 1897. Finalizaba el siglo XIX. Los grandes inventos se habían efectuado, pero aún prevalecía la formación burguesa y, con ella, no exenta de contradicciones e hipocresía, una escala de valores que ponía arriba lo que se merecía, y más abajo, lo que correspondía. Gauguin padeció de enfermedades y pobreza incurables, pero su fama trascendió. Hoy en día lo que trasciende es la fama de los ídolos (falsos) del espectáculo, el jet-set y la moda.


“¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos ¿A dónde vamos?” de Paul Gauguin


He vivido, pues, 80 años, los 15 primeros sin comprender, los 65 trestantes buscando el sentido de haber nacido y estar viviente. Las únicas respuestas recibidas me las dieron la religión, la esoteria, el arte. De lo religioso católico y apostólico pasé a la esoteria, un mundo confuso de poderes, misterios, contactos buscados con lo sobrenatural, cimas místicas, grandes culturas, simbología trascendente, magias y adivinaciones. Gasté años en poner en orden dichos conocimientos dispersos y abundantes en mi propia mente. La esoteria tiene su ortodoxia, su heterodoxia y su mal uso. El culto de los poderes o siddhis del hinduismo, tan codiciados, los obtiene el verdadero asceta mediante las prácticas de elevación espiritual y posiciones adecuadas, incluyendo los modos de respirar. Son añadiduras al ejercicio englobante de liberación espiritual. Buscados y movidos con fines mundanos, no sólo alejan de la relación espiritual tradicional, la verdadera, sino lindan con las prácticas demoníacas y sirven para la magia negra y el satanismo. Se trata de técnicas aptas para lo bueno o lo malo. De allí las condenaciones de un místico tan absoluto como Ramakrishna (1836-1886): “No visiten a los hacedores de milagros y a aquellos que exhiben poderes ocultos. Estos hombres son unos desviados del camino de la Verdad. Sus mentes se han enredado con poderes psíquicos que son una verdadera trampa en el camino del preregrino hacia Brahman [Dios]. Cuídense de esos poderes y no los deseen”. En otra opinión califica los siddhis de porquería [3].

Ramakrishna vivió, desde los 8 años, en sucesivos estados de arrebato místico. Como William Blake, el genio inglés del siglo XVIII, poseía naturalmente la facultad del éxtasis, en el caso de Blake, de la visión sobrenatural, celeste. Se trataba en ellos, de facultades naturales extraordinarias. Mas hay que poner en guardia a los que se inclinan por la búsqueda y desarrollo espirituales, ante la ambivalencia de los poderes y su extravío deliberado, voluntario, hacia fines turbios de especulación diversa: dinero, poder, dominio, manipulación, incitación, engaño. Lo cual no implica que todos los poseedores de siddhis sean unos malvados, extraviados o especuladores ávidos de dinero y poder.

Mi larga búsqueda me situó en una posición de expectativa y de adhesión al cultivo del espíritu, sin adherirme a orden alguna ni someterme al ascetismo. Supe y pude hacer las partes del cuerpo y del espíritu. La acción carnal era transitoria en todos sus aspectos y tendía a la paz de la muerte, término natural de un tránsito cuyo sentido permanece aún oculto. Sí, ahondé en una paradoja cargada de evidencias inquietantes: ¿por qué el nacimiento ofrece un espectáculo repugnante de vísceras y carnes sangrantes, gritos, lloros, pujidos, excrementos, mientras que la muerte imprime en el rostro del fallecido una paz desconocida, un rejuvenecimiento notable, una serenidad deseable? [4].

Ese contraste tiene para mí un sentido mayor que me reservo, prendido en mis lecturas de los gnósticos. La aplicación práctica más sabia de ese contraste me la brindó el descubrimiento y estudio de los llamados, en la Antigüedad, misterios, existentes en toda la cuenca del Mediterráneo, en Persia, en Siria, en Tracia, en Grecia, en Roma. La extensión geográfica de la práctica de los misterios abarcaba el entero mundo de la civilización precristiana. Consistía, fundamentalmente, en someterse a la muerte simbólica del yo con el que se nació para alcanzar otro yo. Atravesando la muerte se alcanza a ser holoclero, es decir: perfecto, renacido, nuevo, resurgente, renovado. Dentro del muerto simbólico, nace en la oscuridad del ritual purgativo, un nuevo ser. La relación con el suplicio, la crucifixión, la muerte y el renacimiento de Cristo no puede ser más evidente. Así como me interesa la esoteria y su carga de sabiduría antigua, considero que la vida, pasión y muerte de Cristo alcanzan la meta suprema de la relación entre el hombre y Dios: la encarnación de la divinidad en el cuerpo sufriente humano con fines más que de redención, de participación en el drama de haber nacido.

La orientación general de mi obra poética puede encuadrarse dentro del marco de los misterios y de las etapas principales concebidad así por mí: nacimiento, equivalente a la caída o expulsión de la Otredad; secuela de las carencias productoras del deseo; papel de la sexualidad como fuerza momentánea que abole la realidad circunstancial, política, histórica, el samsara. Ascenso energético y placentero, totalizante, momentáneo. Esa abolición efímera pero intensa de la realidad en tiempos de angustia y dislocación existenciales como los actuales, en ámbitos de ciudades desencadenadoras de presiones neurotizantes y “estresantes”, desempeña un papel de fuga importantísimo por más breve que resulte. La erótica, en este caso, se contrapone a la asfixia social. En Cármenes traté de expresar esa momentánea plenitud integradora. Pero la verdadera renovación relativamente más duradera estaba en el ritual de muerte y resurgimiento, tal como lo expuse en Myesis, poema extenso admirablemente comprendido por Ludovico Silva, autor de una interpretación que mereció el Premio Municipal: Los astros esperan, poesía y mito en Myesis de Juan Liscano, Alfadil, 1985.

El mismo ritual se advierte en Meditación en Cibure, en Ritos de sombra, en numerosos poemas que describen parábolas de ascenso después de la caída, en mi último libro, Resurgencias, donde el poema titulado “Eisotheo”, dedicado a Santos López, refunde las etapas del misterio eleusino.

Me atrevo a exponer este proceso a la vez de pensamiento y de vida, para promover al lector en relación con la aversión que me produce el mundo de las tecnologías nuevas, no sólo porque alejan al ser humano de cualquier acercamiento posible a la experiencia espiritual y a formas de renovación interior, sino porque abrigan propósitos de bien definidos contrarios o impropios para una superación óntica, la filosofía del ser, el pensamiento trascendente, el amor hacia la naturaleza y la formación interior para el ejercicio del arte y de la escritura. En otro ensayo, intentaré orientar al lector hacia una crítica de la dominación monopólica de las nuevas tecnologías informáticas, de los peligros políticos y racistas de la ingeniería genética y del horror de los armamentos nucleares de nuevo cuño.

Afirmo que los tecnocientíficos al servicio de la expansión armamentista, de la ingeniería genética y de la era de las autopistas de la información, trabajan sin importarle las consecuencias de sus creaciones electrónicas, movidos por la ambición de poder y dominio que ensombreció, desde el origen, la condición y el destino de nuestra especie. 

 Notas de Kuznacti:

[1] Diario venezolano  desaparecido aun antes de comenzar el año 2000. Solía tener muy buenos artículos de opinión. 

[2] Se refiere a los derivados financieros, "un activo cuyo valor se apoya a su vez en otro activo", culpables de toda clase de deuda sin garantía o respaldo y que continuamente ha denunciado y hablado mucho Max Keiser en su Keiser Report.

[3] Los sidhis, cuya existencia y uso parte de faquires y afines ha sido más aseverada que demostrada, a pesar de tantos testimonios. Antes de darlo por sentado y cuidarse de esos supuestos poderes más vale cuidarse de creer (y de no creer) en ellos, al igual como de tantos charlatanes y embaucadores. Creo que es o puede ser razonable la idea de no hacer de la vida psíquica y sus "poderes" un espectáculo de exhibición y circo, por decir lo de menos, pero no creo que eso sea también válido para cerrarle la puerta a la ciencia. En ese sentido lo veo más bien como una impostura. Lo que parece evidente en todo caso es que no son los supuestos poderes psiquicos uno de los mayores peligros de la civilización occidental, ¿son un peligro real?. Parece también muy dudoso que los sidhis puedan ser más peligrosos que la gasolina o las armas de fuego.

[4] Apreciación en exceso personal y por los mismo basada en experiencias muy íntimas, no menciona ni la putrefacción del cuerpo, ni los gusanos.