miércoles, 9 de octubre de 2013

La Teoría de Narciso II

                  
En el primer post de la Teoría de Narciso decía que la palabra “amor” en cada una de las premisas narcisistas era un tropo. Que esa palabra podía ser o pretendía abarcar también “la simpatía, la consideración, la estima, la admiración, etc”. Sin embargo no es tan simple, eso era solo una pretensión, es falso que efectivamente con solo sustituir una palabra esas premisas puedan tener semejante grado de generalidad o coherencia. De hecho lo que es un tropo no es sólo la palabra “amo” en cada una de las premisas sino cada una de las premisas en su totalidad. Por ejemplo, cuando se dice “amo al que es como yo”, obviamente no existe nadie exactamente como alguno de nosotros, ni siquiera en el caso de los gemelos. Ese “es como yo” puede, ser alguien que piensa, cree, opina o aspira las mismas cosas que yo, es de la misma clase o condición social, tiene el mismo padre, etc, no todas esas cosas sino al menos alguna de esas cosas, que pudiéramos decir dominante o recurrente.  De modo que en ese sentido es una teoría bastante vaga. De hecho esto en principio no pretendía ser sino un juego o un ensayo del pensamiento, pero creo que por desgracia he terminado por tomármelo demasiado en serio.


En el post pasado decía que el principio de exclusión no se puede negar, argumentando en parte que el principio antrópico era una garantía de este. Pero eso es falaz. Es tan consistente fundamentar la vida humana tanto sobre el amor a los demás, altruista, como en el amor a nosotros mismos. No hay forma de que el principio antrópico justifique más el uno o el otro. Más aún el principio antrópico  trata es de la supervivencia de la humanidad como un todo y no del individuo en específico. Pero aún habría que ser más escéptico ¿por qué habría de contar solo el amor y no la relación de amor-odio que constantemente vemos? ¿No habrán sido las guerras tan importantes para la supervivencia de la humanidad, como la solidaridad y  cooperación? Este es el típico escepticismo nietzschano del cual no he podido apartarme del todo [1].


El que no se pudiese negar,  el principio de exclusión no implica tampoco una primacía del narcisismo en la personalidad, es decir una primacía del amor propio, esta es por cierto una confusión que tenía cuando escribí la entrada anterior. Para negar el narcisismo no hay que necesariamente y únicamente negar que uno se ama a si mismo sino simplemente demostrar que el amor no esta centrado en uno mismo.


La peor artimaña de esta teoría narcisista es precisamente la del principio de exclusión. En virtud del principio de exclusión se podrá atentar contra cualquier otra de las premisas  narcisistas en tanto que hacerlo nos permita distinguirnos o sentirnos por encima de los demás. En virtud del principio de exclusión podemos, por ejemplo, escoger como amigo o amante a una persona cuyas cualidades o carácter sean contrarios a los de nosotros, al contrario de lo que probablemente haría la mayoría (seguir cualquier otra de las premisas sociales), dado a que de esta forma se reafirma el carácter único de uno mismo. En virtud del mismo podemos también odiar a nuestros iguales, dado que su semejanza con nosotros es un objeción a nuestra exclusividad. Todo esto por otra parte deja bastante en entredicho la consistencia de esta teoría.


Pero aun así todavía veo cierta dificultad en refutar la primacía del narcisismo en la afectividad humana. Por ejemplo en la primera entrada decía que no se puede ayudar a nadie si uno mismo tiene las mismas necesidades que él o esta peor, pero suponiendo que aun así se sacrificara [2] y lo ayudará, esto me dejaba confundido: ¿lo hacía en tanto no le quedaba más esperanzas o en tanto verdaderamente apreciaba y amaba a esa persona? ¿Pero es que el reconocer que no se tienen más esperanzas no implica que verdaderamente no existe un amor narcisista? En efecto si reconozco o creo que no tengo más esperanzas es porque no estoy poniendo por encima de mi amor propio alguna otra situación o factor que considero más apremiante, que considero que se debe valorar más que mis propios intereses. Perfecto, eso esta bien, aunque aquí luego también me asaltaba todavía la duda ¿si un miserable ayuda a otro miserable no es porque él es un miserable (narcisismo por reflexión)? [3], en todo caso eso no le quita de todo el mérito el sacrificio de un pobre hacia otro pobre, lo tétrico sería más bien que ese sacrificio no fuese posible, aun allí hay razones para tener esperanzas. ¿Pero es esa la única clase de amor, de sacrificio desinteresado que se puede poner de manifiesto? ¿No existe el sacrificio del que lo tiene todo? El problema con quien lo tiene todo es que se suele suponer que tiene que darlo todo o casi todo para que su sacrificio sea creíble, en la mayoría de los casos se presupone que es una farsa. Es bien conocida la parábola de Jesús en este aspecto la anciana llegó y dio todo lo que tenía, una sola moneda, mientras que el rico donó miles de ellas, pero aun así la anciana estaba mucho más cerca del reino de los cielos. Más sublime tal vez sería que un miserable se sacrificase por un privilegiado de la vida, pero cuesta mucho imaginarselo.



Terminó formulando una variante del principio de transitividad. El “amor”:


  • Puede ser transitivo con respecto al sujeto que ama: Yo amo al que ama lo que yo amo
  • O Transitivo con respecto al objeto que ama: Yo amo lo que ama el que yo amo    





1. No creo en esa tesis de la necesidad o la bondad de la guerra de Nietzsche, esa era todavía una idea romántica en los tiempos de Nietzsche pero en la actualidad hace tiempo que ha dejado de serlo. Las guerras de ahora al introducir la posibilidad de la aniquilación completa de la vida y del hombre de la faz de la tierra han socavado por completo esa idea de que la guerra es un aliciente o un acicate de la vida, de que en ellas se desarrollan los valores viriles y heroicos y se rompe con lo débil, lo viejo, lo enfermo y lo caduco. Las guerras de ahora son más libradas por las máquinas que por los hombres, son manejadas y planificadas por computadores. Ahora la guerra la entendemos más que nunca, no como heroísmo, sino como depredación del planeta y de sus recursos, que sólo ahora hemos venido a caer en cuenta de que cuán limitados son, por ejemplo, si nos imaginamos una guerra por el petróleo o las futuras guerras del agua. Las guerras han sido un derroche , han causado la pérdida de enormes patrimonios culturales, piénsese por ejemplo en la quema de la biblioteca de Alejandría, la destrucción del imperio Maya, Inca o Azteca o la decadencia de la isla de Pascua. En resumidas cuentas gran parte de la memoria de la humanidad se ha perdido gracias a las guerras. En Nietzsche, por cierto, eso no era solo escepticismo, Nietzsche estaba convencido de la bondad de la guerra y de que esta, estaba incluso  por encima de los valores altruistas.
2. Obsérvese que el sacrificio del que da la vida es una forma de suicidio.


3. Además se puede argumentar que hay egoísmo en que un miserable ayude a otro, porque de esa forma podría perpetuar su miseria. ¡Pero ese argumento es de un miserable!.