domingo, 10 de marzo de 2013

Chávez




Hace 5 días que falleció el presidente Chávez. Siempre he intentado evitar escribir  sobre el polémico presidente del país de nosotros, los venezolanos, se trata de política, algo alejado de los motivos por los cuáles creo que comencé a escribir este blog. Sin embargo nunca he sido apolítico, la política es un tema que siempre me ha tenido interesado y sobre el cual siempre he estado más o menos pendiente.

Por el ataúd del presidente aun pasa una procesión interminable de gente que hace el peregrinaje para verlo y saludarlo, como un reconocimiento y una muestra de fidelidad hasta en la muerte . Sin duda el presidente  es un fenómeno político como el cual no se da en siglos, ¿pero por qué?, ¿qué significa eso? No estoy muy seguro. Tengo dificultades para sopesar y discernir el sentido de la popularidad de nuestro difunto presidente.

Simpatizo con la ideología socialista, pero jamás creí, ni percibí que Venezuela estuviese preparada para transitar por ese camino. El presidente Chávez, por otra parte, representa el máximo líder de la llamada "Revolución Bolivariana". Esa revolución, según palabras de Chávez y sus seguidores, lleva más de 12 a 13 años intentando construir el socialismo el Venezuela. He vivido en Venezuela durante todos esos años, he visto constituyentes, reforma agraria, expropiaciones, programas masivos de alfabetización y salud, he visto al gobierno tener una mayor responsabilidad en lo que es la seguridad social, regalar alimentos, computadoras, electrodomésticos e incluso casas. Pero todo eso no ha sido suficiente para convencerme que el país vive una revolución. Porque también he visto corrupción, los índices de delincuencia y homicidios más altos de nuestra historia, basura en las calles, un consumismo equiparable a las más depredadoras economías capitalistas, anarquía en las calles, en el tráfico y la planificación urbana. Aun tenemos un pueblo demasiado bochinchero, un pueblo inmaduro en lo que es la conciencia ciudadana. Por ejemplo, en muchos barrios se observa la venta ilegal de cerveza y una alta contaminación sonica producto de gente que nunca para de celebrar que tiene un equipo de sonido. En muchos casos es impensable que la policía intervenga para solicitarle a un vecino que apague la música, por más escandalosa que sea y aunque no deje dormir a nadie en toda la madrugada ¡se trata de gente verdaderamente enferma!. Desde luego esto no ocurre en muchas, en muchísimas partes de Venezuela, pero pasa en no pocas partes de Caracas, la capital del país.


Gran parte de los programas sociales del presidente se han financiada a costa de petrodólares. Una riqueza que no ha sido producto real del trabajo, sino acosta de la explotación e incluso la depredación de la naturaleza, la cual,  por supuesto tiene un límite.  No he percibido, ni por asomo, que el espíritu revolucionario de la juventud  del país , se aproxime en algo a la de los jóvenes venezolanos de los 60 o 70. En aquella época había un auténtico espíritu revolucionario, dispuesto a la abnegación y el sacrificio. Mucho de esos jóvenes murieron torturados por los gobiernos que se decían democráticos de aquel tiempo, en no pocas ocasiones este gobierno ha reclamado como suyas las luchas de los jóvenes, pero no ha podido resucitar ese espíritu.  Una de las cosas de las que más carece el chavismo es de profundidad autocrítica en cuanto al propio sentido de la revolución. El chavismo ha sido y todavía es, en su mayor parte, superficial. Esa superficialidad ha sido en gran parte producto de la propaganda,  slogans como  "Chávez es el pueblo".

Chávez, el muy carismático, humano, todo corazón con los pobres, careció también de algunas cosas, no se si pocas, pero si muy importantes, una de ellas fue la continencia verbal, la otra el sentido del ridículo.  Lo primero es muy conocido, siempre que hablaba no deja de reparar en cualquier clase de anécdotas, muchas veces tontos o supuestamente chistosos y de recurrir a un repertorio interminable de citas sobre este o aquél filósofo, pensador o escritor, en cuanto a esto ultimo debo admitir que su memoria parecía prodigiosa. Sucedía en casi cualquier clase de reunión, por muy seria que fuese. De lo segundo también habría muchos ejemplos, uno de ellos  la desfachatez de pagar una comparsa en el carnaval Rio de Janeiro en donde se ridiculizaba la figura de Bolívar, pero últimamente  en la forma melodramática en como en sus inicios trato su enfermedad, los interminables rezos e invocaciones de Cristo el Redentor. Evidentemente su fe también lo obnubilaba.

Una vez Chávez hablaba ante un panel de periodista y se le ocurrió dar un ejemplo de telenovela para demostrar su solidaridad con los pobres, más o menos sus palabras fueron estas: "si un muchacho tuviera a su mamá enferma y robara para salvarla, yo estaría de acuerdo con eso". ¿Qué forma de hacer política era esa? ¿ no era eso era un apoyo tácito al robo o a la anarquía?. Con esas historias se escriben novelas, pero no se hace política, fue lo que pensé. Un político, un mandatario se plantea es qué estoy haciendo para ayudar a la mamá enferma de ese muchacho o qué opciones le ofrecen las instituciones del Estado, qué debería hacer esa persona como ciudadano .

Pero esto es aun más profundo y al mismo tiempo una de los aspectos más curiosos, escabrosos  y peligrosos del chavismo. El chavismo dice ser revolucionario y al mismo tiempo institucional. Chavez, por ejemplo, como comentaba el ahora encargado de la presidencia, Nicólas Maduro, decía ser un rebelde en Miraflores. El mismo espíritu puede observarse en muchas de las instituciones del Estado,  ante una queja que formule en un organismo público se me recomendó que tirara piedras. Nicólas Maduro, recientemente mientras Chavéz estaba enfermo, ante las denuncias de acaparamiento de vivires que hacen los mismos chavistas por parte del sector privado, decía estar dispuesto a salir a las calles a acompañar al pueblo como en aquel memorable, revolucionario y desgraciado 27 de febrero del 1989, conocido como el Caracazo en el extranjero. Es decir, el mismo Maduro saldría a saquear  comercios, para entregarle su mercancía a los pobres. Pero supongamoslo más inteligente y pensemos que se utilizaría el poder que tiene, como sería lo más lógico,  para ordenar a los militares decomisar el alimento acaparado y repartírselo a los pobres estilo Robin Hood. El caso es que ese modo de hacer las cosas o más bien ese estilo de los chavistas, porque es mentira que hayan llevado todo eso a la práctica,  a dado pie, para que algunos hablen de un Estado de bandoleros o un Estado forajido.  No creo que sea para tanto, pero es verdaderamente alarmante que gente que tiene tanto poder, tantos recursos, incluso más poder y recursos que todo el sector privado venezolano en su totalidad, haga esa clase de declaraciones, da la sensación  de que están en una situación muy apurada y extrema, pero no se ve que sea ese el caso. De aquí también las hordas chavistas, esos circulos violentos mal llamados revolucionarios. Sin embargo el chavismo goza de un amplio respaldo  y va a seguir todavía disfrutando de él, al menos durante un buen tiempo, a pesar de todos esos problemas de forma, que no pesan para nada en la mayoría de los sectores pobres venezolanos. Chávez no le transfirió su carisma a Maduro pero si su proyecto y su autoridad, eso es mucho.


Pero tampoco importa cuanto apoyo tenga Chavéz o Maduro, el caso es que la economía del país y su modelo productivo, aun es rentista, dependiente del petróleo  y del exterior. Aun importamos la mayor parte de lo que consumimos, el caso es que este modelo del país es en esencia insostenible. No existe un socialismo del siglo XXI en Venezuela. ¿Hasta cuándo podrá sostenerse semejante situación?.
 
A pesar de todas estas críticas, no me siento un opositor al gobierno chavista, no me siento opositor, porque no veo realmente una opción distinta que valga la pena al gobierno chavista. No veo una oposición que este a la altura de los tiempos por los que esta pasando el mundo, porque no se trata solo de Venezuela. De hecho la oposición que tenemos ha ignorado por completo la crisis financiera mundial, el absoluto fracaso del neoliberalismo, la necesidad de una nuevo modelo de desarrollo. Estos son tiempos muy interesantes y sí son tiempos de revolución.


Al menos en su discurso al Partido Comunista de Venezuela, el presidente encargado, Nicólas Maduro, tuvo la sensatez de reconocer el tremendo problema de inseguridad y delincuencia que padece el país y de prometer que lo afrontaría como una de sus máximas prioridades durante su presidencia, esperemos que no lo olvide, porque el chavismo sigue siendo la alternativa favorita.

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