viernes, 29 de julio de 2011

La última carta de Nietzsche a Burckhardt

Esta carta Nietzsche la escribe en plena locura  a uno de los académicos a quien más admiraba: Jacob Burckhardt. Las negrillas no son mías sino de un artículo de Pierre Klossowski, dedicado a narrar y interpretar esta fase tan difícil y enigmática de la vida de Nietzsche. Por cierto muy bien escrito con una lectura no  fácil sino a la altura del tema. Al parecer Klossowkski, seria uno de los mejores comentarista de Nietzsche, aunque no conozco muchos. Narra muchos anécdotas que a decir verdad me dejaron sorprendido, a pesar de que encajan perfectamente dentro del pérfil y la imagen que tengo Nietzsche. Soy un completo lego en cuanto a esta última fase de la vida de Nietzsche, la cual considero muy importante y que ninguna forma debería permanecer ignorada. Para convercerse  basta leer a Klossowski.

La carta:

A Burckhardt
5 de enero de 1889
Querido profesor:
A fin de cuentas, preferiría ser profesor en Basilea que ser Dios; pero no me atreví a llevar tan lejos mi egoísmo privado para desatender por su causa la creación del mundo. Como usted sabe, de alguna manera hay que saber hacer sacrificios, en cualquier lugar donde uno viva. Sin embargo reservé una pequeña habitación de estudiante, situada frente al Palazzo Carignano (en el que nací como Vittorio Emmanuel), que, además, me permite oír sentado a la mesa la soberbia música ejecutada debajo, en la Galleria Subalpina. Pago 25 francos con el servicio incluido, me hago yo mismo el té y las compras, sufro por los zapatos agujereados, y a cada momento doy gracias al Cielo por el mundo antiguo, con el que los hombres no han sido lo bastante simples, ni lo bastante silenciosos. Como estoy destinado a divertir a la próxima eternidad con malas farsas, tengo aquí un escritorio que, sinceramente, no deja nada que desear ni ofrece nada para agotar. El correo está sólo a cinco pasos, ahí echo mis cartas en el buzón, para convertirme en el gran folletinista del gran mundo (sic). Naturalmente, me encuentro en estrechas relaciones con el Figaro y, para que pueda hacerse la idea de que mi manera de ser no podría ser más inofensiva, escuche mis dos primeras malas farsas:
No tome con demasiada gravedad el caso Prado. Soy Prado, soy, el padre de Prado, me atrevo a decir que también soy Lesseps...: Quería dar a los parisinos, que amo, una noción nueva -la de un criminal honesto. Soy Chambige -otro criminal honesto.
Segunda farsa: saludo a los inmortales. El señor Daudet está entre los cuarenta.
Astu

Lo que me desagrada y resulta incómodo para mi modestia es que, en el fondo, cada nombre de la historia soy yo; incluso con respecto a los hijos que traje al mundo, la situación es tal que me pregunto con cierta desconfianza si todos los que entran en el “reino de Dios” no vienen también de Dios.
Este invierno, vestido de la forma más miserable, asistí dos veces seguidas a mi propio entierro; la primera vez como el Conde Robilant (no, éste es mi hijo, yo soy Carlos Alberto, infiel a mi naturaleza), pero yo mismo era Antonelli. Querido profesor debiera ver este edificio: como no tengo ninguna experiencia en las cosas que he creado, le corresponde a usted ejercer cualquier tipo de crítica, [le] estaría agradecido, sin que pueda prometer sacar de ella algún provecho. Nosotros los artistas no podemos ser instruidos. Hoy, me he regalado el espectáculo de una opereta -genialmente morisca, en esta ocasión también constaté con placer que tanto Moscú como Roma son realidades grandiosas. Vea que hasta el paisaje no carece de talento. Reflexione, tendremos bellas, bellas charlas, Turín no está lejos, ningún deber profesional serio se impone por el momento, nos tomaríamos un vaso de Veltiner El desaliño es la vestimenta de rigor 
Con todo afecto
Nietzsche

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