viernes, 28 de mayo de 2010

El Erotismo Anal


A continuación transcribiré un artículo de Simund Freud sobre el erotismo anal y las personalidades anales. Este tipo de personalidad surge durante la fase anal de la infancia. Etapa durante la cual  disfrutaríamos jugando, reteniendo e incluso ingiriendo nuestros excrementos. La personalidad anal adulta, caracterizada por una excesiva higiene y pulcritud, seria una formación reactiva producto de la sublimación de esta etapa.

Freud en este artículo sugiere incluso que la homosexualidad podría ser un producto de no haber sublimado adecuadamente esta etapa. 

Estas ideas tuvieron repercusión en Salvador Dali y su interés por lo escatológico, como indica en su libro de "Confesiones Inconfesables".  Dali se sintió identificado con el psicoanálisis, en mi opinión es una de sus claves, sentía que lo describía a él y sus obsesiones. Hizo uso de sus teorías y también abuso de ellas.

Ahora el artículo.

El Erotismo Anal

Entre las personas a las que intentamos prestar ayuda por medio de los métodos psicoanalíticos hallamos con bastante frecuencia un tipo que se distingue por la coincidencia de ciertas cualidades de carácter y en el que atraen, además, nuestra atención determinadas singularidades, una de cuyas funciones somáticas y los órganos en ella participantes hubieron de presentar durante la infancia. No puedo ya indicar con exactitud cuáles fueron las ocasiones que me movieron a sospechar una relación orgánica entre aquellas cualidades del carácter y estas singularidades de ciertos órganos, pero sí puedo asegurar que en la emergencia de tal sospecha no participó prejuicio alguno teórico. Posteriormente, la acumulación de impresiones análogas ha robustecido en mí de tal modo la creencia en dicha relación, que hoy me aventuro ya a comunicarla.  
Las personas que me propongo describir atraen nuestra atención por presentar regularmente asociadas tres cualidades: son ordenados, económicos y tenaces. Cada una de estas palabras sintetiza, en realidad, un pequeño grupo de rasgos característicos afines. La cualidad de «ordenado» comprende tanto la pulcritud individual como la escrupulosidad en el cumplimiento de deberes corrientes y la garantía personal; lo contrario de «ordenado» sería, en este sentido, descuidado o desordenado. La economía puede aparecer intensificada hasta la avaricia, y la tenacidad convertirse en obstinación, enlazándose a ella fácilmente una tendencia a la cólera e inclinaciones vengativas. Las dos últimas condiciones mencionadas, la economía y la tenacidad, aparecen más estrechamente enlazadas entre sí que con la primera. Son también la parte más constante del complejo total. De todos modos me parece indudable que las tres se enlazan de algún modo entre sí.

Investigando la temprana infancia de estas personas averiguamos fácilmente que necesitaron un plazo relativamente amplio para llegar a dominar la incontinencia alvi (incontinencia fecal) infantil, y que todavía en años posteriores de su infancia tuvieron que lamentar algunos fracasos aislados de esta función. Parecen haber pertenecido a aquellos niños de pecho que se niegan a defecar en el orinal porque el acto de la defecación les produce, accesoriamente, un placer, pues confiesan que en años algo posteriores les gustaba retener la deposición, y recuerdan, aunque refiriéndose por lo general a sus hermanos y no a sí propios, toda clase de manejos indecorosos con el producto de la deposición. De estos signos deducimos una franca acentuación erógena de la zona anal en la constitución sexual congénita de tales personas. Pero como una vez pasada la infancia no se descubre ya en ellas resto alguno de tales debilidades y singularidades, hemos de suponer que la zona anal ha perdido su significación erótica en el curso de la evolución, y sospechamos que la constancia de aquella tríada de cualidades observables en su carácter puede ser relacionada con la desaparición del erotismo anal.

Sé muy bien que nadie se aventura a aceptar la existencia de un estado de cosas mientras el mismo le resulte incomprensible y no ofrece acceso alguno a una explicación. Pero algunas de las hipótesis desarrolladas por mí en Tres ensayos sobre una teoría sexual pueden aproximarnos, por lo menos, a la comprensión de la parte fundamental de nuestro tema. En el citado estudio intento mostrar que el instinto sexual humano es algo muy complejo, que nace de las aportaciones de numerosos componentes e instintos parciales. Los estímulos periféricos de ciertas partes del cuerpo (los genitales, la boca, el ano, el extremo del conducto uretral), a las que damos el nombre de zonas erógenas, rinden aportaciones esenciales a la «excitación sexual». Pero no todas las magnitudes de excitación procedentes de estas zonas reciben el mismo destino, ni lo reciben tampoco igual en todos los períodos de la vida del individuo. En general, sólo una parte de ellas es aportada a la vida sexual. Otra parte es desviada de los fines sexuales y orientada hacia otros fines distintos, proceso al que damos el nombre de «sublimación». Hacia aquel período de la vida individual que designamos con el nombre de período de «latencia», o sea desde los cinco años a las primeras manifestaciones de la pubertad (hacia los once años), son creados en la vida anímica, a costa, precisamente, de estas excitaciones aportadas por las zonas erógenas, productos de reacción o, por decirlo así, anticuerpos, tales como el pudor, la repugnancia y la moral, que se oponen en calidad de diques a la ulterior actividad de los instintos sexuales. Dado que el erotismo anal pertenece a aquellos componentes del instinto que en el curso de la evolución y en el sentido de nuestra actual educación cultural resultan inutilizables para fines sexuales no parece muy aventurado reconocer en las cualidades que tan frecuentemente muestran reunidos los individuos cuya infancia presentó una especial intensidad de este instinto parcial -el orden, la economía y la tenacidad- los resultados más directos y constantes de la sublimación del erotismo anal.

Tampoco a nosotros se nos ha hecho transparente la necesidad interior de esta relación, pero sí podemos aducir algo que puede aproximarnos a su comprensión. La pulcritud, el orden y la escrupulosidad hacen la impresión de ser productos de la reacción contra el interés hacia lo sucio, perturbador y no perteneciente a nuestro cuerpo (Dirt is matter in the wrong place). La labor de relacionar la tenacidad con el interés por la defecación parece harto difícil; pero podemos recordar que ya el niño de pecho puede conducirse según su voluntad propia en lo que respecta a la defecación, y que la educación se sirve, en general, de la aplicación de dolorosos estímulos sobre la región vecina a la zona erógena anal para doblegar la obstinación del niño e inspirarle docilidad. Como expresión del terco desafío se emplea aún entre nuestras clases populares una frase en la que el sujeto invita a su interlocutor a besarle el trasero, o sea, en realidad, a una caricia que ha sucumbido a la represión. El gesto de volver la espalda al adversario y mostrarle el trasero desnudo es también un acto de desafío y desprecio, correspondiendo a aquella frase. En el Götz von Berlichingen goethiano aparecen exactamente empleados como expresión de desafío el gesto y la frase descritos.

Entre los complejos del amor al dinero y la defecación, aparentemente tan dispares, descubrimos, sin embargo, múltiples relaciones. Todo médico que ha practicado el psicoanálisis sabe que por medio de esta correlación se logra la desaparición del más rebelde estreñimiento, habitual de los enfermos nerviosos. El asombro que esto puede provocar quedará mitigado al recordar que dicha función se demostró también análogamente dócil al influjo de la sugestión hipnótica. Pero en el psicoanálisis no alcanzamos este resultado más que tocando el complejo crematístico de los pacientes y atrayéndolo, con todas sus relaciones, a la conciencia de los mismos. Realmente en todos aquellos casos en los que dominan o perduran las formas arcaicas del pensamiento, en las civilizaciones antiguas, los mitos, las fábulas, la superstición, el pensamiento inconsciente, el sueño y la neurosis, aparece el dinero estrechamente relacionado con la inmundicia. El oro que el diablo regala a sus protegidos se transforma luego en estiércol. Y el diablo no es, ciertamente, sino la personificación de la vida instintiva reprimida e inconsciente. La superstición que relaciona el descubrimiento de tesoros ocultos con la defecación, y la figura folklórica del cagaducados, son generalmente conocidas. Ya en las antiguas leyendas babilónicas es el oro el estiércol del infierno: «Mammon = ilu mamman». Así, pues, cuando la neurosis sigue los usos del lenguaje, lo hace tomando las palabras en su sentido primitivo, rico en significaciones, y cuando parece representar plásticamente una palabra, restablece regularmente sólo su antiguo sentido.

Es muy posible que la antítesis entre lo más valioso que el hombre ha conocido y lo más despreciable, la escoria que arroja de sí, sea lo que haya conducido a esta identificación del oro con la inmundicia.

En el pensamiento de la neurosis coadyuva aún quizá a tal identificación otra circunstancia. Como ya sabemos, el interés primitivamente erótico, dedicado a la defecación, se halla destinado a desaparecer en años ulteriores. En estos años surge como nuevo interés, inexistente en la infancia, el inspirado por el dinero, y esta circunstancia facilita el que la tendencia anterior, a punto de perder su fin, se transfiera al nuevo fin emergente.

Si las relaciones aquí afirmadas entre el erotismo anal y la indicada tríada de condiciones de carácter poseen alguna base real, no esperamos hallar una especial acentuación del «carácter anal» en aquellos adultos en los que perdura el carácter erógeno de la zona anal; por ejemplo, en determinados homosexuales. Si no me equivoco mucho, las observaciones hasta ahora realizadas no contradicen esta conclusión.
Ante los resultados expuestos habremos de reflexionar si también otros complejos del carácter dejarán transparentar su derivación de las excitaciones de determinadas zonas erógenas. Hasta el día, sólo he podido reconocer la «ardiente» ambición de los individuos que en su infancia padecieron de enuresis. De todos modos, podemos establecer para la constitución definitiva del carácter, producto de los instintos parciales, la siguiente fórmula: los rasgos permanentes del carácter son continuaciones invariadas de los instintos primitivos, sublimaciones de los mismos o reacciones contra ellos.


(Traducción Luis López-Ballesteros y de Torres)



lunes, 10 de mayo de 2010

El Manual del Perfecto Psicópata

La verdad es que creo que el tema de la psicopatía  se presta mucho a broma y el malentendido. No es raro, de verdad es confuso. En la psiquiatría hay diferentes visiones y escepticismo en cuanto a ese término, cosa que no me parece que refleje Internet.  Pero a pesar de la ironía  que mostré cuando publique la entrada sobre el mismo tema, aun extrañaba no tener a la mano algún material que explotase el lado jocoso de todo esto.

Este manual que recomiendo, aunque de risa no deja duda de que quien lo siga no puede ser sino un perfecto psicópata.

Lo pueden ver integramente en este link.

Pueden consultar el blog de su autor aquí: Artificial Sweetener

Fijense nada más lo que es la elegancia:


(En el texto he eliminado alguna de las frases por considerarlas demasiado EXQUISITAS)


Capítulo 1: Elegancia es...


  • Que te expulsen de la obra por tu aspecto.
  • Saber qué plantas sustituyen mejor al papel higiénico.
  • Cortar el césped de tu casa y encontrar un coche en tu jardín.
  • Que el ejército de salvación decline tu colchón. 
  • Que te echen del bingo por el lenguaje que usas.
  • Atraer pájaros con tu barba.
  • Atropellar un ciervo en temporada de caza intencionadamente.
  • Tener el número del taxidermista entre los teléfonos de emergencias.
  • No tener un calcetín que no viole alguna ley contra incendios.
  • Que la gente oiga tu coche un rato antes de que tú llegues.
  • Que tu perra tenga cachorros en la sala de estar y nadie se entere.
  • Ser expulsado del KKK por camorrista.
  • Esperar ansioso las reuniones de familia para conocer mujeres/hombres.
  • Que tu mujer/esposo tenga estómago de cerveza y lo encuentres atractivo.
  • No tener que pararte en los stops porque todo el mundo te da prioridad.
  • Que los autoestopistas no se suban a tu coche.
  • Tener un árbol genealógico con menos ramas que generaciones.
  • No entender cómo las gasolineras pueden tener los servicios tan limpios.
  • Que tu madre planche con una escupidera encima de la tabla.



    Aquí va mi comentario sobre ellas:
    Que te expulsen de la obra por tu aspecto: luces demasiado bien para tan piche obra


    Saber qué plantas sustituyen mejor al papel higiénico: imagino que después de una experiencia en la selva. Vaya que es útil saberlo y holgarse de semejante sabiduría. Sobre todo entre ecologistas.


    Cortar el césped de tu casa y encontrar un coche en tu jardín: trabajar para conseguir un coche ¡ja! y no hay mejor razón para cortar el cesped. Después fue que se me ocurrio que debía llevar mucho tiempo sin cortar el cesped


    Que el ejército de salvación decline tu colchón: ese viejo colchón del sotano que tenía tifus y se lo estaban comiendo las ratas, bueno para causar alguna epidemia entre los damnificados (a los que socorre el ejercito de salvación)...

    Que te echen del bingo por el lenguaje que usas: ¿alguien habla bien en el bingo?

    Atraer pájaros con tu barba: ¡que morboso llegue a pensar que era algún tipo de santa claus pedófilo! bueno corrijo, simplemente tiene bichos en la barba (pulgas, piejos, garrapatas, etc)

    Atropellar un ciervo en temporada de caza intencionadamente: ¡ja! y que los demás se mueran de envidia, podría también colgar su cabeza en la sala y decir que lo caze

    Tener el número del taxidermista entre los teléfonos de emergencias: ¡una espinilla! ¡Esto es una emergencia!

    No tener un calcetín que no viole alguna ley contra incendios: ¡que original! ¡hasta con mis calcetines violo las leyes!

    Que la gente oiga tu coche un rato antes de que tú llegues: y pongan mucho cuidado que llegue YO


    Que tu perra tenga cachorros en la sala de estar y nadie se entere: ¡Nadie sabe que tengo una perra! Vaya que me avergonzaría.

    Ser expulsado del KKK por camorrista: eso mejoraría mi reputación de pendenciero. En cualquier caso debe ser un honor ser expulsado del KKK

    Esperar ansioso las reuniones de familia para conocer mujeres/hombres: ese tipo si que debe estar grave (eso es incesto)

    Que tu mujer/esposo tenga estómago de cerveza y lo encuentres atractivo: ¡tiene pareja!... bueno, si la tiene tendra que creer eso a aparentar creerlo (creo que me quedo corto aquí ¿no?)

    No tener que pararte en los stops porque todo el mundo te da prioridad: ¿por qué nadie lo soporta?

    Que los autoestopistas no se suban a tu coche: ¡y parándose para darles la cola!


    Tener un árbol genealógico con menos ramas que generaciones: ¡ba!, lo normal seria que no supiera quien es su padre ¿o así excusa no tener padre?

    No entender cómo las gasolineras pueden tener los servicios tan limpios: sobre todo cuando la gente es tan sucia ¿más limpias que su casa? (?)

    Que tu madre planche con una escupidera encima de la tabla: ¡tan mal huele!