miércoles, 18 de febrero de 2009

Confucio y Lao Tse

Estas es una de las anécdotas producto de la brillante imaginación de Chuang tzu en las que hace a Confucio contemporáneo de Lao Tse y lo presenta como un díscipulo sumiso y admirador:

"Confucio fue a ver a Lao Tan (Lao tse) y le habló del jen, amor al prójimo, y de i, equidad. Lao Tan le contestó: Si al cerner el salvado se le ha metido a alguien su polvo en el ojo, verá el mundo trastocado. Si un mosquito a un jején le ha picado la piel, no puede conciliar el sueño por la noche. De la misma manera nos escuecen y turban el corazón ese amor y esa equidad. Nos causan una confusión inmensa. Su Merced procure que el mundo no pierda su autenticidad natural. Déjese mecer por el viento y yérgase con la virtud (del Tao). ¿Para qué tantos esfuerzos? Los cisnes no necesitan bañarse cada día para conservar su nívea blancura, ni el cuervo pintar sus plumas para conservarse negro, si son auténticos, nada puede cambiarlos de color. La admiración y los elogios de otros no agrandan nuestra fama. Secado el río, los peces se apiñan en la tierra seca, y con la humedad de su aliento se mojan mutuamente. Mejor les iba antes en sus ríos y en sus profundos lagos olvidados unos de otros. Confucio, vuelto de su entrevista con Lao Tan, guardó silencio tres días enteros. A sus discípulos, que le preguntaron qué consejos, para regular su vida, había dado a Lao Tan, les respondió: "Hoy he visto al dragón enroscarse sobre sí y, desplegándose, ostentar su magnificiencia, montarse sobre las nubes y nutrirse de los dos elementos Yin y Yang. He quedado con la boca abierta y no la puedo cerrar. ¿Qué consejos o reglas de vida podía yo dar a Lao Tan?".

1 comentario:

André Smith dijo...

me queda la idea de que para ser verdaderos no se necesita revolcarse todos los dias en formulas magicas falsas ni ponerse un vestido que no sea el nuestro...